La sobreprotección, el estrés y los divorcios, un cóctel que daña a los más pequeños

 

¿Tiene efectos proteger a los hijos demasiado? ¿Creemos que estamos haciendo un bien cuando en el fondo ponemos la semilla de un más que probable mal? La respuesta es sí, aunque en esto no haya ciencias exactas.
13476211041Ahora bien, hay que tener claro, que practicando este estilo educativo, aumentamos mucho las posibilidades de que nuestros hijos sufran algunas de las siguientes consecuencias, que como veremos van encadenadas:
La primera es la dependencia excesiva, consecuencia lógica, ya que hemos acostumbrado al niño desde su más tierna infancia a hacer las cosas por él o estar permanente a su lado. Esta dependencia dirige al niño hacia una inseguridad en sí mismo, falta de confianza. Es decir, es esta dependencia –y no los malos resultados- la que ataca directamente a su autoestima, ya que considera desde sus primeros años que es incapaz de lograr nada por sí mismo. En esta misma línea estaremos provocando en nuestro hijo una total falta de iniciativa propia y un inadecuado desarrollo de la creatividad.
Incapacidad para asumir responsablemente las consecuencias de sus actos, ya que son sus padres, sus profesores, sus amigos u otros los que suelen asumirlas. Con el paso de los años nuestro hijo, ante situaciones importantes, irá manifestando y sufriendo sentimientos de inutilidad, que se plasmarán de manera gráfica y relevante en su dificultad para la toma de decisiones.padresEn la vida profesional se manifiesta en la incapacidad de asumir responsabilidades y en la necesidad de ocupar puestos de trabajo en los que sean dirigidos de manera clara por otro. En la vida familiar, buscan como complemento para compartir su vida, hombres o mujeres con carácter que asuman totalmente el papel de autoridad y dirijan los rumbos del matrimonio.
Otra consecuencia es que es fácil que se vuelvan egocéntricos y tiranos con todo su entorno. Como consecuencia de esto,  en nuestra sociedad están aumentando de manera alarmante niños que sufren el llamado “Síndrome del emperador”: el maltrato físico o psíquico de los hijos hacia los padres. Este problema se caracteriza por un comportamiento agresivo (verbal o físico), y conductas desafiantes y violación de las normas y límites familiares; asimismo suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, junto con una baja tolerancia a la frustración, empatía y autoestima.
Todas estas circunstancias llevan, con el paso del tiempo, a nuestros hijos a sufrir una clara tendencia al pensamiento negativo y al pesimismo. Y como consecuencia de esto tienen una predisposición mayor de padecer depresión y trastornos afectivos.
Como podemos observar, estamos ante un tema serio, que puede provocar en nuestros hijos unos daños que les afectarán el resto de sus días

 

Fuente: lainformacion.com

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